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viernes, marzo 21, 2008

Raza: la mirada metafísica

Ya mencionamos que, entre lo más sobresaliente de Raza (Sáenz de Heredia, 1941) se encuentra la contradicción no resuelta entre religión y milicia, un tema que atravesará toda la ideología nacional-católica, en realidad desde la controversia entre Sepúlveda y los erasmistas, y que no dejarán de plasmar películas tan señeras como Balarrasa (Nieves Conde, 1951).

En cuatro imágenes:

¿A dónde miran los personajes de Raza?

domingo, junio 10, 2007

El sacerdote (Eloy de la Iglesia, 1978)

El cine se hizo pronto eco de la excitación provocada en el seno de la Iglesia española a causa del aggiornamento tras el concilio Vaticano II. Basilio Martín Patino había firmado en 1966 Nueve cartas a Berta, un relato que mostraba este proceso de modernización o quizás "protestantización" de la fe española, visible sobre todo entre los intelectuales y críticos del régimen. Desde una posición mucho más afín al nacionalcatolicismo, y en tono de comedia, Se armó el Belén (1970) también reflejaba el caos provocado por estos "aires nuevos". Pero no es hasta 1978 cuando el cine se ocupa de un modo franco de estas convulsiones y decepciones precipitadas en aquel momento histórico de "transición" hacia la democracia política, abordando un asunto tabú hasta entonces: la vida sexual del clero.

Simón Andreu interpreta aqui a un párroco involuntáriamente erotómano incapaz de resolver sus contradicciones en un momento de particular asedio mediático a la castidad, cuando los símbolos sexuales comenzaban a abrirse paso con más fuerza en la cultura popular. Hay que recordar que la norma del celibato obligatorio del clero, pese a ser más un decreto administrativo que un mandato evangélico, terminó siendo ratificada y fortalecida bajo mandato de Pablo VI.

De la Iglesia rubrica un filme algo rústico y esquemático, pero que no cabría leer tanto en clave sencillamente irreligiosa o atea, cuanto que como advertencia a la "soledad y tristeza" que le esperaba a la propia Iglesia de no aprender a rectificar sus posiciones contra natura.

Eucaristía y pecado.

sábado, junio 02, 2007

Condenados (Manuel Mur Oti, 1953)

Si alguien está buscando algún ejemplo sobre la "España negra" y los valores más duros del catolicismo de la posguerra, probablemente no encuentre una ocasión más propicia que este drama reciamente castellano firmado por Manuel Mur Oti en 1953 -basado en la obra teatral homónima de José Suárez Carreño, no casualmente ganador del premio Lope de Vega de teatro en 1951. La película es una truculenta, mórbida y contradictoria exposición de ciertos valores clásicos en el pensamiento tradicionalista español: la propiedad, incluso la propiedad personal (matrimonial), la justificación religiosa del orden patriarcal y civil, además de una cierta autarquía naturalista intolerante con la modernidad (Aurelia ante el molino de viento: "A mi me parece que así el trigo lo muele Dios").

En continuación con Cielo negro, estrenada solo un año antes, Condenados narra otro relato sacrificial centrado en un personaje femenino (Aurelia) causa y a la vez consecuencia de una asfixiante cultura patriarcal. Aunque el rapto místico o las escenas de conversión están asuentes aquí, la presencia de lo religioso también se deja notar con fuerza. Por ejemplo, en la entrada de los nuevos segadores buscando la "gracia" de Dios en el templo, y ante todo en la sacralización del vínculo matrimonial como garantía absoluta frente a posibles infidelidades. Se diría que, pese al "naturalismo" en el que viven inmersos los personajes, el sentimiento del deber prácticamente neutraliza los sentimientos contrarios, volviéndolos no sólo moralmente ilícitos, sino incluso imposibles. Sin embargo, cabría dudar si acaso no existe una dialéctica no resuelta entre los "valores cristianos" y los "valores caballerescos" de la honra y el honor, característicos también en los dramas calderonianos y en la tradición del teatro español; y, por supuesto, entre la honra y las obligaciones legales que obligan a procesar los crímenes "pasionales".

Aurelia es interpretada por Aurora Bautista, en la cima de su carrera después de interpretar Agustina de Aragón, Pequeñeces o Locura de amor. Aquí no defraudará a sus seguidores, mostrando el repertorio de gestos más completo en el cine español de la época. Tampoco habría que olvidarse del solemne virtuosismo de Mur Oti, que consigue imprimir una fuerza estética casi expresionista al film rememorando los mejores momentos del cine mudo -¡y con música de Beethoven!

La honra, que sólo es de Dios.

jueves, mayo 24, 2007

Forja de almas (Eusebio Fernández Ardavín, 1943)

Bizarro y folklorista reflejo de la posguerra española, Forja de almas representa una siempre inestable síntesis entre religiosidad y patriotismo, adocrinamiento y educación. La película es un biopic de Andrés Manjón (1846-1923), pedagogo y canonista nacido en una aldea burguesa y que consiguió irradiar desde Granada la red de escuelas Ave-María.

En cierto modo, se la podría considerar una especie de respuesta nacional-católica a las tesis izquierdistas sobre la lucha de clases, pues aunque no se niega la realidad de la miseria, la esperanza de su regeneración no se sitúa en la dialéctica o en la reforma política sino en la caridad, el pacto de clases y la educación religiosa. La enseñanza de Manjón pretendía formar buenos cristianos y patriotas, donde lo mismo se organizaba un desfile infantil que se impregnaba de apologética las clases de trigonometría, gramática o aritmética:
Sin verbo no hay oración gramatical, y sin el verbo de Dios, que es su hijo, no habría sabiduría, ni creación, ni redención.

Pero el triángulo representa algo més que una figura geométrica. El cateto que le sirve de base lo representa la fe. Sobre la fe dirigida hacia arriba, la esperanza. Y la hipotenusa uniendo la fe y la esperanza, la caridad, la mas grande de las virtudes.

En el mundo moral el credo y el decálogo se dan la mano. Por eso quien enseña a creer enseña a amar y quien resta fe resta virtud. De lo que Dios enseña y manda nada se debe disminuir, no hay minuendo, nada se debe sustraer. No hay sutraendo. Es una suma que no admite resta.
En este sentido, el filme también representa una respuesta característicamente católica a las reformas pedagógicas al estilo de la Institución Libre de Enseñanza, que prometían una nueva educación basada en el juego, el desarrollo libre de las capacidades y el cuestionamiento de la autoridad. Así, la pedagogía "progresista" a fuer de ultrarreligiosa de Manjón, en línea con la tradición agustiniana, aconsejaba moderar el autoritarismo de los profesores, abrir la escuela a los espacios abiertos, incorporar una nueva pedagogía del juego, etcétera.

A la forja de almas.