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jueves, junio 07, 2007

Coplilla machista

La vida me enseñó
con gran satisfacción
lo que puedo yo sentir
en esta profesión.

Un truco muy vulgar
tan viejo en la mujer
que aprendemos al nacer
:vivir de los demás.

No basta sólo afición
y sentir la profesión
es necesario vocación
pa' engañar a un señor.

En la indescriptible Señoritas de mala compañía (José Antonio Nieves Conde, 1973).

jueves, mayo 10, 2007

Nieves Conde y el neorrealismo

Desde Surcos (1951), ya sabíamos que a José Antonio Nieves Conde no le agradaba demasiado el "neorrealismo", estilo cinematográfico por entonces de moda. En Los peces rojos (1955), encontramos éste diálogo memorable:

- (...) Neorrealismo, osea la vida la misma.

- ¿La vida misma? ¿Se refiere usted a exhibir lo podrido de las ciudad y de los hombres? Yo en esas peliculas solo he visto callejas y ropa tendidas y niños llenos de mocos.

- Eso, eso, ¡lo humano!

- ¡Lo humano es la fantasía!, lo otro, rascarse, comer y dormir entre estiertol lo hacen también los animales, las vacas, por ejemplo.

viernes, septiembre 15, 2006

José Antonio Nieves Conde (1911 - 2006)

José Antonio Nieves Conde, nacido en Segovia, en 1911, falleció ayer en Madrid, a los 94 años de edad. Fue uno de los realizadores más insignes de nuestro cine, poco o mal conocidos, cuestionan la tesis del "páramo cultural" o del "tiempo de silencio". Su hijo, Luis Nieves, afirmó que el segoviano falleció "plácidamente" después de leer "unos cuantos periódicos"…hecho que habla bien de su fortaleza moral.
Su film más notable y reconocido, Surcos (1951) no era "neorrealista", era una superación del neorrealismo. Era una especie de metalenguaje del neorrealismo. Resultaba paradójico que el arte español, caracterizado desde siempre por el realismo (el "materialismo español" del que habló María Zambrano) tuviese que imitar precisamente una corriente italiana. No fué así.

Solamente la ceguera de nuestros políticos y responsables cinematográficos (comisarios políticos, ministros, críticos, cinéfilos adiestrados &c) continúa impidiendo que el cine de Nieves Conde haya alcanzado una notoriedad justa, cerca de la que disfrutan Bardem, Berlanga o Saura, todos ellos socialistas sin tacha. 

Como botón sirva la crónica que servía la Razón con motivo del óbito. "El autor de 'Surcos', escribía el autor de la crónica, -un filme demoledor sobre la España franquista que logró estrenarse en 1951 gracias a que el cineasta militaba en Falange". En realidad, la ideología de Surcos es coherente con la militancia falangista de Nieves Conde, aunque Tomás García Yebra (autor del artículo en La Razón) da a entender que la pertenencia a Falange constituía una especie de accidente o motivo oportunista. El propio realizador segoviano declaraba: "Algo de mi procedencia falangista hay en Surcos, que responde a un tipo de cine social ligado a mis añejas y desilusionadas preocupaciones políticas". Para cualquiera que conozca, siquiera la superficie de la historia del "franquismo", estas palabras le resultarán al menos familiares. Era evidente que después de la creación del Movimiento Nacional de la Falange Tradicionalista y de las JONS –en el que resultaron refundidos conservadores, monárquicos, Iglesia y ejército- las tesis "sociales" falangistas –que mucho tenían de izquierda política- fueron paulatinamente orilladas en la política práctica del régimen.

Arrimar a los autores de "derechas" hacia la izquierda es una táctica frecuente entre los intelectuales, cineastas y críticos cinematográficos españoles. Han aplicado esta táctica con Sáenz de Heredia, Mihura, Neville…y destacadamente con Nieves Conde, al que una buena parte de la medio analfabeta crítica hispana ha conseguido presentar como un autor esencialmente "de izquierdas" -en lo que hay cierta parte de verdad, siempre que comprendamos el vínculo entre falangismo e izquierda política. En una comunicación al XI Congreso de historiadores de cine, con el significado título de El hombre y el páramo en los años 50 y 60 leemos: "Es sabido que pese a la filiación falangista del director, la película no consiguió tener las máximas prebendas franquistas". Y encontramos la misma cantinela en otro trabajo de Amparo Guerra Gómez titulado Las heridas abiertas de la paz. Clases y espacios sociales de la 

La crítica "social" de Surcos era debida precisamente al falangismo de Nieves Conde, y no sólo a la "filiación comunista" tan bien representada en las conversaciones de Salamanca –por otra parte organizadas dentro del sindicato falangista SEU- en las que participaron, en efecto, muchos socialistas.
Nieves Conde realizó muchas otras películas, incluyendo algunos pinitos en el "destape". Destacaron entre todas Balarrasa (1951), film de gran éxito en el que retrata las contradicciones entre Imperio e Iglesia, así como Todos somos necesarios (1956) una parábola cinematográfica muy crítica -típicamente falangista- con el egoísmo capitalista.

viernes, mayo 05, 2006

Todos somos necesarios

José Antonio Nieves Conde, nacido en Segovia en 1911, es uno de los cineastas españoles más atípicos. Militante de Falange Española, fue encuadrado junto a la «generación de los renovadores» del nuevo cine social español. Su falangismo «de izquierdas» encontró una excelente expresión en el film Surcos (1951), con el que se ganó la oposición de algunas autoridades civiles y religiosas. Cinco años más tarde vería la luz Todos somos necesarios (con una espléndida realización, fotografía y música), fábula anti-capitalista en la que tres presidiarios abandonan la cárcel, tras cumplir su condena, y emprenden un viaje en el que deberán enfrentar un gran dilema moral. Uno de los expresidiarios es un médico (Alberto Closas) requerido para que realice una operación de emergencia. La víctima es un niño abandonado a su suerte por su padre, un hombre de negocios cínico, lúbrico y «para el que solo hay una realidad, el dinero». Por contra, los exreclusos de Todos somos necesarios son individuos sentimentales, aunque de conciencia nocturna y culpable que, tras despertar a la conciencia social alcanzada en toda reclusión obligatoria, se enfrentan nuevamente al rechazo y la hipocresía públicas (un ladrón mira a un hombre de negocios y le dice: «Juraría que usted y yo tenemos algo en común»; un policía comenta: «Si nos diese por detener a hombres de negocios respetables...»)

Un elemento que permite diferenciar el «izquierdismo» falangista de otras aproximaciones al cine social, es la presencia de la espiritualidad (muy activa en otra obra conocida del director, Balarrasa), a través del oficio sagrado, del sacerdote; aunque sin perjuicio de la efectividad y necesidad de la «racionalidad médica».

Se retrata el contraste entre el egoísmo cobarde de los hombres de negocios («No hay otra moralidad que la que se encierra en una caja registradora…») o aquellos que carecen del suficiente valor para combatir el destino, y el natural instinto de cooperatividad del género humano, corrompido por la necesidad, las estructuras sociales opresivas y, por supuesto (last but not least), el dinero. Nieves Conde escoge un escenario muy cinematográfico: el tren; símbolo a la vez del tránsito y de la modernidad. Una vez embarcados en el mismo tren (¿España?, ¿La humanidad?), y afrontando un dilema moral común, los hombres deciden posponer su individualismo corrosivo, para cooperar en la salvación de un niño enfermo. Pero la valentía del expresidiario, que finalmente salva la vida del menor, será recibida con ambigüedad. En un primer momento se saluda su actitud, pero más tarde (cuando planea la sospecha en el tren sobre un nuevo robo), el mismo pueblo pedirá la horca…