sábado, abril 22, 2006

La objetividad de Buñuel en "Tierra sin pan"

I

Luis Buñuel rodó en 1932 un documental sobre Las Hurdes, documental pretendidamente etnográfico. La película, de hecho, presenta la estructura de un ensayo etnográfico: comienza describiendo su entorno, pasa luego a su modo de subsistencia, y termina con la descripción su arte (que despacha simplemente señalando, ante unos papeles y cacharros colgados de la pared, que los hurdanos “denotan cierto sentido de la decoración”) y de sus ideas religiosas. Parte, pues, de la “base material” (ecología, medios de producción) y termina en la “superestructura” ideológica (arte y, sobre todo, religión). En 1936 Buñuel recibió el encargo, por parte del Ministerio de Propaganda de la República, de producir películas de apoyo a la causa republicana, destinadas sobre todo a franceses y británicos. A este fin, Buñuel rescató su antiguo documental de 1932 y lo sonorizó. Además incluyó unas letras explicativas al final. Es ésta la versión que analizamos.

II

Buñuel presentó su documental como “ensayo cinematográfico de geografía humana”. Y no por azar, sino que ahí, entendemos, reside la clave. Quiere así destacar, en primer lugar, el tono objetivo de las descripciones verbales del narrador y el distanciamiento en la cinta. Sin embargo, tanto uno como otro se revelan, en un análisis más detenido, como meras apariencias.

Las descripciones verbales están salpicadas de expresiones enfáticas (como cuando dice que en Las Hurdes el hombre debe luchar “hora a hora” por su subsistencia), y de adjetivos valorativos (como cuando califica a la fiesta de La Alberca como una fiesta “extraña y bárbara”: en ella los mozos, montados a caballo, arrancan las cabezas de los gallos, que están colgados en cuerdas; aún hoy en día se celebra en algún lugar). Los ejemplos de estas valoraciones y tonos dramáticos pueden multiplicarse. Y su efecto propagandístico es aún mayor por su expresión lacónica, pretendidamente objetiva.

El rodaje y el montaje de la película destacan igualmente por el enfatismo de las escenas, por el dramatismo de muchas de ellas, por la falta de inocencia de la mayoría de ellas (gracias, entre otras cosas, al contraste o relación entre las escenas). En este sentido es de notar, por ejemplo, el gusto que Buñuel tiene por rodar escenas de muerte a las que dedica un tiempo aparentemente innecesario. Entre estas escenas destacan la muerte de un burro, de una cabra y de un niño hurdano. El burro, que portaba unas colmenas, aparece primero intentando deshacerse de las abejas que le están picando por todo el cuerpo. Sus movimientos son violentos, está atado y no puede huir, y sin embargo, Buñuel y sus amigos no parecen hacer nada por ayudarle. Se quedan rodando. El siguiente plano es la cabeza del burro, ya muerto, toda llena de abejas. A este plano le sigue un perro comiéndose el cadáver del burro, y otro plano de unos buitres volando. Demasiada escena para un burro muerto. La razón de que Buñuel se detenga en la muerte del burro es porque la asocia con la muerte de los explotados hurdanos. De hecho, tras la muerte del burro se dice: “Un mes antes de nuestra llegada, tres hombres y once mulos habían muerto de esta manera”. Los hurdanos, pues, corren la misma suerte que estos burros. Los planos del perro despedazando el cadáver y los buitres cobran así mayor dramatismo. Idéntico efecto consigue con el despeñamiento de una cabra. Las cabras son los únicos animales que pueden vivir en paisaje tan inhóspito. Algunas veces resbalan de las peñas, caen y se mueren. Buñuel rueda la caída de una de ellas. No sólo eso, sino que presenta esta caída desde ángulos diferentes (por lo que, inferimos, no se encontró con la cabra por casualidad, sino que alguna vez su equipo la tuvo que tirar a propósito para poder rodar su caída). Tal énfasis en el despeñamiento de una cabra es realmente extraño. Pero éste es el tono del documental. Además, de nuevo se asocia esta pobre cabra despeñada con los hurdanos. Si la cabra, que es un animal adaptado a vivir en paisaje tan inhóspito, sucumbe, ¿qué será de los hurdanos, seres humanos como nosotros (esto es, como los “nosotros” que vivimos en París, ciudad donde se estrenó el documental sonorizado)? Además de relatar la muerte de una niña por inflamación de encías, el documental (también sorprendentemente) se detiene en el entierro de un niño (o niña) pequeño, al que tienen que llevar a un cementerio lejano por carecer el pueblo de cementerio propio. Se filman algunos pormenores del viaje, en concreto el cruce de un río. El paso de una orilla a otra está muy bien montado en varios planos, lo que constituye cierta enfatización. Buñuel quiere detenerse aquí para mostrar las ideas religiosas de los hurdanos y, en concreto, en su creencia en el “más allá”. El paso del cadáver de una orilla a otra representa el paso de esta vida a la otra vida (y también recuerda la barca de Caronte, ya que el cadáver va flotando en el río sobre algo de madera) Esta creencia, según las tesis marxistas, constituye el opio del pueblo. Los hurdanos se resignarán en esta vida porque esperan premio en la futura. Es esta tesis la que mantiene Buñuel al final de la película, como tendremos oportunidad de ver en siguientes post.

En general, este tono supuestamente objetivo está “roto” por las relaciones nada inocentes que se dan entre los planos inmediatos o entre secuencias alejadas de la película. Como ejemplo de lo primero, podemos aducir el momento en que se detiene para mostrarnos el riachuelo que utilizan los habitantes de un pueblo de Las Hurdes. El texto dice:

“A veces se ve correr en medio del pueblo, un miserable riachuelo que desciende de la montaña. En verano no hay más agua en el pueblo que ésta, y los habitantes la utilizan a pesar de la repugnante suciedad de su cauce. He aquí unas escenas sorprendidas al pasar. El río sirve para todo el pueblo”.

Es de notar el uso de las palabras “miserable” y “repugnante”, pretendidamente descriptivas. Sin embargo, su función es acompañar y dirigir nuestra mirada en las escenas, que no son tan “sorprendidas”, como se dice: un cerdo oriundo bebe agua de ese riachuelo; una niña da de beber a un niño muy pequeño; un niño se agacha para beber del riachuelo; una señora lava la ropa y otra, la cabeza de un niño. El contraste es muy claro: cerdo-niños, niño-suciedad. Es a este cerdo y a esta suciedad del agua tras lavar lo que enfatiza la palabra “repugnante” del texto. Esta repugnancia amenaza la debilidad de los niños. La escena acaba con tres niñas mojando pan en agua turbia.

Como ejemplo de contrastes entre momentos alejados (no inmediatos) de la película, podemos poner el contraste que se da entre la fiesta del pueblo rico de La Alberca (del que, se dice, la mayoría de los hurdanos son “tributarios”), con lo que sucede en Las Hurdes. Hay varios planos de la fiesta de La Alberca que resonarán en el resto de la película. En La Alberca, por ejemplo, se presentan a las mujeres con “bonitos vestidos” acudiendo a divertirse en la plaza de la iglesia. En Las Hurdes, en cambio, la única “fiesta” o “acontecimiento” que hay es el entierro del niño.

“Una muerte – dice – es uno de los raros acontecimientos que se pueden rodar en estos pueblos miserables. Las mujeres acuden en masa a la casa mortuoria”.

En la fiesta de La Alberca se ofrece vasos de vino a rebosar, la gente aparece comiendo y muy animada. “Ofrecen los placeres a millares”, dice el texto. En cambio, de Las Hurdes se dice:

“Detalle curioso, en los pueblos de Las Hurdes no hemos oído cantar nunca”. Y este comentario está acompañado de un plano de gente apática, cansada.

En esta misma fiesta se presenta a un bebé ricamente adornado de medallas de plata. Este bebé se parece sospechosamente (todos los bebés se parecen) al que muere en Las Hurdes y que tanta atención a su entierro le dedica Buñuel. El contraste entre un bebé vivo y rico, y un bebé pobre y muerto, no puede ser mayor. Uno de Las Hurdes y otro de La Alberca.

La importancia simbólica de esta fiesta se entiende cuando uno se percata que La Alberca funciona en el film como expresión de los ricos propietarios explotadores frente a los hurdanos pobres, explotados, que no poseen nada. Los hurdanos son “tributarios” (se dice) de los de La Alberca, y éstos poseen la miel que es “la principal industria alimenticia de Las Hurdes”. Pero la representación de las tesis marxistas en “Tierra sin pan” las dejaremos para otro post.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Raúl:

Ayer en una clase de cine documental vi Les Hurdanes y eso motivó que hoy busque distintas opniones en la WEB acerca de ella.

Lo que me llama la atención es que para mi es, casi obviamente, una película acerca del genero y no otra cosa.

No me parece en absoluto que la película trate del tema de la pobreza ni de tal o cual región geográfica ni humana sino que es una película que muestra la capacidad del género y sus límites de una manera original para su época.

Esta por supuesto es mi suposición y debería estar aquí Luis Buñuel para explicar sus fines pero me parece que si de algo habla esta pelícla es del documental como recorte subjetivo, absolutamente a-científico y del público como un potencial espectador crítico o crédulo según su propia capacidad.

Me llama la atención opinar de esta manera ya que la mayo parte de las cosas que vengo leyendo hast ahora lo tomas de una forma muy distinta.

Espero tu opiñión al respecto.

Inti Alpert (Argentina)